¿Qué se necesita para ser Misionero de Cristo?


Hay ciertas pistas o señales que pueden demostrar que se tiene vocación para ser Misionero de Cristo. Es necesario seguir un proceso de discernimiento vocacional, que se orienta hacia "los signos o señales que cotidianamente dan a conocer a los cristianos prudentes la voluntad de Dios"(PO11).

Dentro de estos signos están los llamados "ordinarios", que son los más seguros, y  los signos "extraordinarios" que son siempre posibles, pero no comunes, y, precisamente por ello, necesitan mayor discernimiento por parte de los responsables de la comunidad.

El camino de los signos ordinarios ofrece suficiente garantía para acertar en el discernimiento.

La vocación consagrada se revela en los siguientes tres elementos: la recta intención o motivaciones; libertad de decisión y la idoneidad o cualidades necesarias.

El discernimiento debe concretarse principalmente en analizar estos tres elementos:

1. La recta intención. Consiste en querer ser transparencia de Cristo tendiendo hacia la verdad de la donación. En otros términos: es necesario estar de tal modo decididos a ser santos que se juegue todo por el todo. No se puede, de hecho, desear verdaderamente ser Misionero de Cristo si no se preocupa de ser antes un buen cristiano. Así, pues, el deseo de consagrarse a Dios y a la Iglesia es la verdadera motivación válida, la única suficiente. Algunos signos de que se posee esta recta intención es experimentar el deseo de socorrer a los pobres, santificarse, cierto gusto por lo espiritual, cierto aprecio por la eternidad, cierta facilidad para desprenderse de las cosas materiales por conseguir los bienes espirituales, inclinación a trabajar por la salvación de las almas, etc...

2. Libertad de decisión. Es la ofrenda espontánea de sí mismo manifestada en decisiones permanentes y en actitudes coherentes, sin someterse a condicionamientos personales, ambientales, históricos, culturales. Al invitar, Dios es tan respetuoso que su tono no es el de la orden imperiosa, ni de voz de trueno. Es más bien el tono de la insinuación, de la brisa suave, que no violenta ni fuerza la libertad del hombre.  La libertad es esencial para la vocación, una libertad que en la respuesta positiva se califica como donación de amor, esto es, oblación. Así, pues, la libertad se realiza en el amor, es decir, en el don de uno mismo.

3. Cualidades necesarias o idoneidad. Consiste en un conjunto de cualidades que corresponden a la vocación elegida y al ejercicio de la misma. Estas cualidades son:

a). Humanas, que implican salud física, equilibrio de la personalidad en cuanto a criterios, escala de valores y afectividad; capacidad de asumir decisiones permanentes. Aptitud para la vida comunitaria en todas sus manifestaciones: convivencia, trabajo en equipo, colaboración activa, amor fraterno, disponibilidad, espíritu de servicio; carácter apacible.

b). Intelectuales, que consisten en tener una formación cultural adecuada; capacidad necesaria y relativa para entender y vivir las exigencias de la consagración, sobre todo de la castidad, pobreza y obediencia.

c). Espirituales o morales, que se refieren a ciertas virtudes humanas y cristianas para vivir el sacerdocio o la vida religiosa y misionera junto con el deseo y decidido empeño por llegar a la santidad.

d). Pastorales, que consisten en la capacidad de entrega y disponibilidad para la misión en sentido eclesial ; según el estado de vida; según el grupo al que se orienta la vocación, en este caso, respecto al carisma y cualidades de los Misioneros de Cristo.

 

¿Quiénes deciden si alguien puede ingresar con los Misioneros de Cristo?
La llamada interior que hace el Espíritu Santo a la persona tiene necesidad de ser reconocida como auténtica. Por eso, la Iglesia Católica tiene establecido que las personas que deciden si a alguien se le puede admitir o dejar seguir en la vocación para el sacerdocio o la vida religiosa son: el Obispo en su diócesis, los superiores en los seminarios y las personas que están al frente de las comunidades religiosas. En conciencia la determinación final depende de cada persona.

La decisión de admitir a una persona a la Congregación de los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal es el resultado de un cuidadoso proceso de discernimiento vocacional.

La vocación es un don. Es iniciativa de Dios; no nuestra. No nos levantamos un día y decimos: "yo voy a ser religioso, yo voy a ser Misionero de Cristo". Tenemos que esperar a que nos inviten y saber reconocer la invitación cuando llegue a nosotros. Por eso, no basta que yo me sienta llamado a querer ser Misionero de Cristo. Esa llamada que yo siento debe ser acogida y reconocida como auténtica por la Congregación religiosa.

La vocación religiosa es un diálogo entre tres: Dios, la persona y la Congregación, en este caso, los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal. Dios inicia el diálogo, la persona lo escucha y responde, y en su respuesta invita a la Congregación a hacerse testigo de ese diálogo. Tanto la persona como la Congregación buscan discernir la voluntad de Dios sobre el que se siente llamado.

Parte esencial de este discernimiento compartido, es que el joven con inquietudes vocacionales y con deseos de ser Misionero de Cristo conozca bien la Congregación de un modo real, sus personas y sus obras, sus virtudes y sus defectos. Igualmente esencial es que se deje conocer, que se manifieste con transparencia, sin ocultar nada. Si verdaderamente busca lo que Dios quiere, la persona desea que quienes le acompañan en su discernimiento vocacional conozcan sus puntos fuertes y sus limitaciones.

Quiero ser Misionero de Cristo ¿qué pasos he de seguir?

PRIMERO
Entrevista inicial con alguno de los promotores de vocaciones o cualquier Misionero de Cristo.

SEGUNDO
A partir de esta entrevista inicial, la persona puede ser invitada a visitar durante un fin de semana o una semana entera cualquiera de nuestras casas para conocer:

La vida de comunidad.
La vida apostólica.
La vida espiritual.
La vida académica.

Durante esa visita, el candidato tendrá una entrevista con cualquiera de los padres o hermanos.
A partir de esa visita el joven puede ser invitado a vivir la experiencia de una semana vocacional con otros jóvenes o experiencia de misión popular, conviviendo y colaborando con un grupo de Misioneros de Cristo en alguna de las casas de la Congregación. De esta experiencia el interesado podrá seguir un proceso de discernimiento vocacional si le es posible a través de entrevistas o en su defecto por medio de correspondencia, llamadas telefónicas o internet.

            TERCERO
Por medio de su participación en el programa de preparación el candidato y la Congregación se van conociendo mutuamente y avanzan hacia una decisión conjunta de ingresar y admitir o no y cuándo.

 

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